Pecorino, habas y el sabor de la primavera
La combinación de pecorino fresco y habas es uno de los rituales gastronómicos más sencillos y emblemáticos de la primavera italiana. Muy extendida sobre todo en el centro de Italia, desde las zonas rurales de Lacio y Roma hasta Umbría y las Marcas, celebra la llegada de las primeras verduras de temporada con un equilibrio tan sencillo como perfecto: la dulzura vegetal y ligeramente amarga de las habas se une a la sapidez y la untuosidad del pecorino, creando un contraste armonioso que desde hace siglos acompaña picnics, excursiones y reuniones informales al principio de la temporada.
En este contexto, el vino ideal es fresco, fragante y capaz de limpiar el paladar. Entre los blancos destacan especialmente Verdicchio dei Castelli di Jesi, Vermentino, Pecorino d’Abruzzo, Soave y Gavi, todos ellos caracterizados por una acidez viva y perfiles aromáticos delicados que maridan bien con las notas lácteas del queso y las verdes de las habas. Incluso algunos tintos jóvenes y ligeros, servidos ligeramente frescos, pueden acompañar agradablemente este plato: entre los más indicados están Schiava, Frappato, Pinot Nero joven o un Dolcetto poco estructurado, vinos con fruta crujiente y taninos suaves que no apagan la frescura de los primeros manjares primaverales.