Detalles del producto
Descripción
¿Qué tipo de vino es?
La Falanghina del Sannio de Mustilli es un vino blanco elaborado con uvas Falanghina. Destaca por su estilo fresco y de fácil disfrute, con estructura armoniosa y perfil elegante. La fermentación en acero inoxidable a temperatura controlada resalta las características afrutadas y la viva acidez, manteniendo intacta la frescura natural de la variedad.
¿De dónde proviene?
Este vino nace en los viñedos Presta, Pozzillo y Cesco di Nece, situados en Sant’Agata dei Goti, a 250 metros de altitud. Los suelos volcánicos y calcáreo-arcillosos de la vertiente suroeste de las colinas del Sannio aportan mineralidad y salinidad. El clima templado, con marcadas diferencias de temperatura, favorece una maduración lenta de las uvas y preserva aromas varietales y un buen equilibrio entre acidez y fruta.
¿Cómo se produce?
Las uvas Falanghina se recogen a mano en el punto óptimo de maduración. Tras el despalillado, la fermentación se lleva a cabo en depósitos de acero a 15 °C durante dos semanas. La crianza continúa en los mismos recipientes, realizando bâtonnage periódicos para aportar suavidad y volumen glicérico. La ausencia de paso por madera mantiene la tipicidad y frescura de la variedad.
Notas de cata
A la vista presenta un color amarillo pajizo con reflejos verde-dorados. En nariz despliega aromas intensos de manzana Annurca y fruta tropical, acompañados de notas florales y un suave toque especiado. En boca es de cuerpo medio, seco, con frescura vibrante y buena persistencia. El final recuerda aromas afrutados y una agradable salinidad que invita a seguir bebiendo.
¿Con qué acompañar?
La Falanghina del Sannio marida bien con mariscos y crustáceos, como ostras y gambas a la catalana. También resulta ideal con timbales de arroz y platos de pasta rellena, como raviolis de ricotta y limón. Entre los maridajes clásicos, realza los espaguetis con almejas y la parmigiana de berenjena, subrayando su salinidad y el componente afrutado.
¿Cuándo servirlo?
Este vino está concebido para consumirse joven, dentro de los primeros años tras la vendimia, para apreciar su frescura y aromas varietales. Se recomienda servir ligeramente fresco, en torno a 10-12 °C, para realzar sus notas afrutadas y mineralidad. Su equilibrio estructural permite también una breve crianza en botella, ganando en complejidad aromática.